Capítulo 84. Huir como un cobarde.
Valentina estaba acostada, y los recuerdos de las palabras amables que Maxwell le había dicho en Venezuela se repetían en su mente como una burla cruel. Sus lágrimas caían en silencio, marcando la almohada con pequeñas manchas.
—¿Cómo pude enamorarme de ese grandísimo idiota? —se reprochaba en susurros, y su cuerpo se contraía en la cama, abrazándose en un intento de hallar consuelo.
Estaba tan furiosa consigo misma por haber albergado ilusiones que deseaba darse una bofetada.
—¿Qué pensaba?