Anabell tenía su cuerpo empapado, así que como el típico caballero la obligue para que se cambiara de ropa y le preste uno de los vestidos que Aurora había dejado aquí el día que se vino a arreglar. No era por pervertido, pero le quedaba espectacular, nunca la había visto tan descubierta y eso me hacía caer rendido a sus pies una vez más. No entendía como podía atraerme tanto alguien que no hacia si no odiarme por el simple hecho de no ser un ciudadano perfecto para la sociedad tal cual como el