Aarón no podía estar tranquilo, se movió de un lugar a otro en la sala de aquella magnífica mansión que su hijo tenía, ni él la conocía y de no ser por el momento, querría saber detalles, pero no ese instante.
Lo único que deseaba era verlos llegar, odió la incertidumbre que tenía en cada molécula de su cuerpo. Sus hijos mayores aún no se comunicaban con él y si él estaba desolado, Luisa no sentía un poco de paz, Adrián se mantenía en silencio pensando en que la vida no podía ser tan egoísta d