Abel Emmons llenó su vaso de licor, atento al llamado que tanto esperaba tener.
Miró las pastillas en su mano y decidió que no le importaba menos si se ponía o no tomar con alcohol, las tragó y luego se bebió el vodka que tenía en su vaso.
Inhaló fuertemente, un aire tan fiero que sus pulmones se sintieron congelarse.
Esta vez no podía fallar. Estaba harto de oír solo excusas, vio a su hermano llegando a ese sitio y pasó el último licor.
Ya sabía lo que diría, por ello solo se sentó como pu