—¡Marina! ¿Estás bien? —preguntó Russell
Ella enderezó su postura tanto como pudo, se mostró valiente.
—Quiero ver a mi marido, ¡Se lo suplico!
El doctor asintió.
—Yo también quiero ver a mi hijo.
Las mujeres siguieron al doctor, mientras Russell y Demian permanecieron ahí.
—Ya dime lo que pasó, porque dudo que te hayan asaltado, debió pasar algo peor que eso,
Demian lo miró con odio.
—¡No te metas en mis asuntos, Russell! Tengo suficiente.
Demian estaba por irse, pero Russell lo detuvo