—¡Victoria! Mi Victoria, estás aquí, ¿Oye? ¿Qué tienes, querida? Vamos, despierta, no me hagas esto, ¿Está herida?
Él la cargó en sus brazos, como a un bebé recién nacido, de pronto ella abrió los ojos, se encontró con el azul de cielo en su mirada. Por fin pudo ver con normalidad, ella tocó su rostro con su mano, y él sintió su delicado toque, que era como el de una rosa en su piel.
—Victoria, estarás bien, lo prometo, no me dejarás solo.
—Russell, me salvaste.
Él sonrió, de pronto ella se