Te lo dije.
Narra Olivia:
Su sonrisa desaparece rápidamente al darse cuenta de que no estoy de ánimos para bromas, por lo que baja los pies de mi escritorio de inmediato y se levanta para plantarme cara. Dejo la taza sobre la mesa, ya sin el más mínimo interés en el café. Me quito la chaqueta, muy molesta, y estoy que me pinchan y no sangro. De verdad que el atrevimiento de Fátima no conoce límites y, aunque no puedo culparlo a él por la conducta de ella, no puedo disimular el enfado.
—¿Qué sucede, cari