Amber Whyte.
—¡Bienvenida, Luna! —exclamaron todos al unísono, abriéndonos paso en cuanto salimos del coche.
Pero entre los vítores, las sonrisas, los saludos con la mano y los intercambios de cortesías… se tensaron.
Sus acciones eran robóticas.
Como si intentaran ser perfectos.
Como si le tuvieran miedo a Delilah.
Como si supieran que los castigaría al menor error.
Sus sonrisas eran similares. Desprendían dolor. Miedo.
Los miré, respondiendo a sus saludos.
No quería que pensaran que era como m