Elion Moore.
El inesperado y brusco beso que le planté en sus labios hinchados y húmedos selló su destino.
Ya no había vuelta atrás.
No cuando la punta de mi maldita polla gorda burbujeaba con líquido preseminal.
Estaba tan jodidamente dura, tan jodidamente obvia, que se aferraba a mi muslo derecho, estirándose más de la mitad de su tamaño.
Joder, sabía que ya había perforado mis calzoncillos.
Mis dientes encontraron su pezón izquierdo. Lo mordí. No demasiado fuerte para causarle dolor, pero ta