Mundo ficciónIniciar sesiónCuando llegué al lugar concertado con Martim Collins, la cafetería de la Zona A, respiré hondo antes de entrar. Martina se había quedado en el coche. Él había dicho que yo debía ir solo. Parecía sacado de una película de suspenso, pero era real: el viejo había secuestrado a mi perro.
Lo vi sentado en una mesita junto a la ventana, lejos de los demás. Cuando me vio, fijó sus ojos en mi vientre y sonri&oa







