Quería salir corriendo y no volver nunca más a este lugar, pero mis pies quedaron anclados al suelo por la revelación que, aunque era una posibilidad, muy en el fondo no la esperaba.
«Ahora que sé que está bien, no tengo nada que hacer aquí, ¿verdad?».
De no haber sido por Gia que sostenía mi brazo con fuerza, ya me hubiera ido de esta casa.
La reunión se llevó a cabo instantes después de que llegara el último integrante. Mi presencia ahí no era más que una añadidura innecesaria, pues hace much