Me permití disfrutar de sus labios a plenitud, correspondiendo con la misma suavidad y pasión con la que me arrebata hasta el alma. Enredé mis brazos alrededor de su cuello y lo acerqué más a mi cuerpo, de pronto sintiéndolo muy lejos de mí. No me quiero apresurar porque aún hay mucho que olvidar y sanar, pero ¿cómo negarme a sus besos? ¿Cómo evitar que su boca se adueñe de la mía cuando yo también deseo robar sus dulces labios?
El calor se expandió por todo mi ser en el instante en que deslizó