Calista
Sonreí girándome para quedar de frente a él, mis manos moviéndose por voluntad propia, desprendiendo cada prenda de su cuerpo sin ser incapaz de apartarme de la intensidad de sus ojos.
Me sentía perdida junto a él, temiendo a volverme dependiente de su cuerpo, de su éxtasis. «¿Por qué tenía que ser tan perfecto?».
Sus manos también se movieron para bajar el cierre del vestido, contemplando al quedar en ropa interior y por un momento solo disfrutó de la vista como yo lo hacía de la mía