Calista
Sentía las miradas sobre mi, hombres y mujeres, mi esposo en ningún momento me soltó. Por un momento alcé la mirada hacia él, se veía tranquilo, con su mentón siempre en alto y esa mirada serena.
Tomando asiento en una de las mesas que se encontraban más cerca de la playa, mi estómago rugía y casi me avergonzaba porque él lo escuchara.
—¿Estás segura que sólo quieres bañar y no conocer los alrededores? —preguntó luego de que hubiésemos ordenado.
—De hecho estaba pensando en dar un p