SOPHIA
Entro en el Ferrari negro y veo a Noah tamborileando con los dedos en el volante.
No me miraba, concentrado en su teléfono, incluso cuando ya estaba sentada a su lado, así que intento sacarle la pelota.
“Oye… ¿Así que no hay chófer ni mayordomo ahora, y estás solo?”, pregunto, esbozando mi mejor sonrisa, aunque se ve bastante incómoda. “A las siete en punto, ¿verdad? Bueno, yo ya he llegado cuando tocas la bocina. ¿Ya cenaste o tal vez quieres comer un kebab…”
“No, porque ambos acompañar