La habitación nueva no se parecía en nada a la anterior. No había la misma tensión en el aire, ni el desfile constante de enfermeras entrando y saliendo con urgencia, ni esa sensación permanente de que algo podía torcerse en cualquier momento.
Amanda estaba recostada con varios cojines a la espalda, más despierta, más presente, todavía frágil, pero con la mirada clara. Eric no se había separado de su lado desde que la trasladaron, y Andrew y Aria ocupaban dos sillas junto a la pared, observando