Edgar apretó con fuerza su móvil. ¿Acaso ese hombre no era más que un don nadie sin gran poder? ¿Cómo había podido escapar de Gavi y del resto de sus hombres?
—Gavi, tienes que ocuparte bien de él. Búscalo hasta encontrarlo y mátalo sin pensarlo dos veces. ¿Entendido? —gruñó Edgar.
Sin esperar la respuesta de Gavi, Edgar colgó la llamada sin más.
—¿Ese tipo se ha escapado? —preguntó Emeliando.
—Ya lo hablaremos más tarde, papá. Tenemos que llevar a Jacon a España cuanto antes. El asunto del hij