Catalina y Sofía ya habían llegado a casa. Sin embargo, Catalina no vio a Edgar; quizá estaba en su habitación.
—Mamá, me voy a mi habitación. Quizá Edgar me esté esperando allí —dijo Catalina.
Sofía sonrió y asintió con la cabeza a modo de respuesta; después, Catalina se dirigió directamente a su habitación.
Al abrir la puerta, Catalina se sorprendió bastante al ver a Edgar sentado, absorto en sus pensamientos, en el borde de la cama, con un aspecto desaliñado.
Catalina cerró la puerta de inme