—¿Dónde? —Janeth observó cómo Ray se movía por su dormitorio, metiendo ropa en una maleta.
—Sólo hasta Kingman —respondió—. Son cuatro horas de viaje, pero voy a tomar el helicóptero, así que será más rápido.
Sentada en el borde de la cama, Janeth suspiró.
—¿Estarás en casa mañana?
Cerró la maleta.
—Sí. Al menos lo voy a intentar. Sólo me llevo la maleta por si tengo que quedarme más tiempo.
—¿De dónde ha salido esta maleta? —preguntó Janeth—. Creí que le dabas la mayoría de tus maletas a Ke