La ira era evidente en el anciano Augustus. Lo que había escuchado, lo había sorprendido, enojado y decepcionado tanto, que no sabía que sentimiento prevalecía ante la estúpida idea del nieto que llevaba su nombre.
— Esto es inaudito. Mi suerte no puede ser peor — susurra el hombre alejándose de su nieto, para recuperar el equilibrio y fuerza al agarrarse de un mueble cerca de él.
— Abuelo… por favor, escúchame — pide Augustus Javier y su abuelo levanta la mano para que guarde silencio.
— Esto e