Una lágrima traicionera se me escapó del ojo, rodando por mi mejilla.
El alivio de escuchar esas palabras, de no ver rechazo o asco en su rostro, fue una ola gigante que destruyó las últimas murallas de mi contención.
Magnus de lo había tomado bien. Esto había salido mucho mejor de lo que yo había pensado y la adrenalina acababa de salir de mi cuerpo, dejándome ingrávida.
—¿No entiendes la locura que es esto? —le dije en un hilo de voz, aferrándome a su muñeca mientras su mano seguía sobre mi