No me hace falta mirarme en un espejo para saber que mis ojos están brillando más que nunca. Me resulta tan dulce que me lo pregunte de esta manera, como si tuviera que pensármelo.
- Claro que puedes darme un beso de buenas noches, Ale
Él sonríe satisfecho y se inclina hacia mí y, para mi sorpresa, sus labios se dirigen directo hacia los míos. Pensé que se refería a un beso en la mejilla, o en la frente como siempre lo hace, pero no. Supongo que, después de habernos besado en su departamento,