Jacob nunca supo cómo lidiar con la anciana, así que decidió cambiar de tema y preguntó: —Bueno, ¿ya llegó Walter?
Nerea, al escuchar eso, se enfureció y replicó entre dientes: —Todavía no. ¡Quién sabe dónde diablos andará!
Jacob se rascó la cabeza y soltó una risa torpe, mientras Mariana suspiró con resignación, lamentando lo poco que Walter importaba para su abuela.
Jacob se dio cuenta de la incomodidad y aplaudió. El mayordomo, que estaba detrás de él, entendió la señal y se acercó rápidament