Mariana se movió hacia un lado, esquivándola.
Hadya frunció el ceño: —¿Cómo te atreves a esquivarme?
—Ni siquiera mis padres se atrevieron a golpearme una vez, ¿qué eres tú? —Mariana cuestionó.
Hadya se quedó sin palabras.
La miró furiosamente.
—Si yo tuviera una hija como tú... —Hadya la señaló, con su cuerpo temblando de ira.
Mariana sonrió y respondió con calma: —Por suerte no soy tu hija.
Para ser honesta, si tuviera una madre como Hadya, ¡preferiría saltar de un edificio!
—¡Maldita sea! —Ha