Simón llevó a Jimena al hospital y llamó a dos guardias para que la acompañaran afuera de la sala de emergencias.
Jimena lloraba mientras maldecía: —¡Simón! ¡Maldito perro! ¿Por qué eres tan obediente con él?
Simón se detuvo un momento al cerrar la puerta. Miró hacia la sala de emergencias y su expresión se ensombreció gradualmente.
La puerta se cerró con un golpe. Los sollozos y los insultos de Jimena quedaron aislados.
Simón salió del hospital y envió un mensaje a Walter: —Señor Guzmán, todo e