Walter salió del coche, cruzando su mirada con la de Mariana.
Ese día llevaba un traje negro, meticulosamente pulcro y ordenado, que le daba un aire de solemnidad. Sin embargo, sus ojos, que normalmente brillaban con inteligencia, estaban rojos, mostrando signos de cansancio.
Mariana le hizo un gesto con la cabeza como saludo, y agitó la identificación y el certificado de matrimonio en sus manos.
Él apretó los labios y comenzó a hablar lentamente: —Tú…
—Vamos —lo interrumpió Mariana con determin