—¡No me llames así, me das asco! —Mariana gritó, completamente derrumbada.
Hasta hace un momento, todavía albergaba una pizca de esperanza por el regreso inesperado de Walter, pero ahora, la realidad golpeaba su corazón como un puñetazo.
Walter la miraba atónito, incapaz de creer que ella se atreviera a usar una palabra como «asco» para describirlo.
En ese momento, con su actitud hostil y postura desafiante, parecía un erizo con las espinas erizadas, ¡completamente acorde a su personalidad altiv