Tobías resopló con desdén. ¿Confiar en ella? Sus promesas no valían ni el papel en que estaban escritas, ¡simplemente no tenían ningún valor!
Cuando se casó con Walter, también había jurado que no perdería. ¿Y qué pasó? ¡Perdió estrepitosamente!
—¡Vete ya! —Tobías la urgió con impaciencia, empujándola hacia la puerta— Yo me quedo aquí cuidando al abuelo. Tú ve a trabajar. ¡Sólo verte me irrita!
Mariana sonrió y le dijo algunas palabras dulces antes de irse al trabajo.
Sabía que lo que Tobías dec