Jacob vestía un conjunto negro y casual. La luz del pasillo del hotel era tenue, y su figura alta y delgada emanaba una especie de vaguedad indescriptible.
Yolanda asintió y le dijo: —Gracias.
—De nada —Jacob levantó una ceja.
Por supuesto, sabía que Yolanda se refería a que había sido su asistente hoy.
—Cuando regrese a Yacuanagua, te invitaré a cenar —Yolanda sonrió.
—De acuerdo —respondió él, asintiendo con elegancia.
Yolanda notó una vez más una sensación diferente en Jacob.
Se dio la vuelta