Al salir del restaurante, Yolanda detuvo a Jacob detrás de ella.
Jacob, confundido, se preguntó qué estaba pasando.
—Es hora de despedirnos —dijo Yolanda con tono despreocupado y mirada distante.
Jacob imitó su actitud y sonrió, abriendo la puerta del auto. —Le prometí a la señorita Chávez que te llevaría a salvo. Seré tu caballero andante. Si te pasa algo en Mesoluz, no sé cómo le explicaré a la señorita Chávez.
Yolanda frunció el ceño, sintiéndose un poco molesta. —No necesitas hacerte respons