Óscar no entendía. Si estaba en el territorio de Walter, podía inclinarse ante él, pero ¿por qué tenía que hacer lo mismo en Mesoluz? ¿Acaso no era ese su propio terreno?
Sebastián le dio una patada a Óscar, haciéndolo caer al suelo. Óscar levantó la mirada, sus ojos llenos de indignación.
Sebastián gritó: —¡Hijo de perra, qué vergüenza me haces pasar! ¡Pídeles disculpas al señor Guzmán! ¡Rápido!
Sin dar ningún tipo de consideración, Sebastián le dio una fuerte palmada en la cabeza.
La multitud