Walter tomó el vaso de agua que le ofreció Simón, pero no pudo tragar ni una gota.
Dejando el vaso a un lado, finalmente se levantó de la cama. —No necesito más suero, me voy a la empresa.
—¿Eh? No puedes hacer eso —Simón lo llamó.
Walter tomó su chaqueta y salió decidido.
Una enfermera que pasaba lo llamó también: —¡Señor Guzmán! ¿Ya terminó con el suero?
Simón recogió los medicamentos y lo siguió. En el pasillo había mucha gente, y todos miraban a Walter.
A pesar de su evidente debilidad, eman