—¡Él se lo merece! —dijo Catalina con desdén.
Aunque Tobías estaba de acuerdo con Catalina, la reprendió: —Basta con que lo maldigas en tu interior. No es necesario que lo digas en voz alta. ¡Hay que tener educación!
Catalina hizo un gesto de desaprobación.
Sancho también tosió, y Catalina se acercó de inmediato. —¿Papá, te sientes mal? —preguntó preocupada.
El anciano había estado enfermo hace unos días.
Parece que lo mejor sería llevarlo a casa.
No podía quedarse aquí sin más.
—Papá, mejor reg