—Es que te amo, ¿cómo no iba a cometer esas locuras si es por amor a ti? —Jimena se arrodilló acercándose a la cama.
Sus brazos heridos por los cristales rotos manchaban su ropa de sangre.
Al no poder agarrar el brazo de Walter, se aferró a las sábanas de la cama. Sus dedos amoratados y su voz dolida. —¿Cómo, siendo una señorita de alta cuna, iba a rebajarme a estar a tu lado si no fuera por mi amor?
—¿Rebajar? ¿Quieres decir que has sufrido? —Walter la miró con escepticismo.
Jimena se mordió el