Tras unos segundos en shock por aquel sueño, miro hacia la mesa de noche, son casi las nueve de la mañana “¡Mierda!” me digo saliendo rápido de la cama para dirigirme al baño, aún con la erección presente en mi entrepierna. Esperando que, con el baño de agua fría, desaparezca.
Después bajo a desayunar, ya todos estaban en la mesa, como cada fin de semana.
—Buen día, tío — pronuncia la pequeña Fernanda al verme aparecer.
—Buenos días, princesa — me acerco para dejar un beso en su frente — buen d