Mucho después de que Scarlett saliera furiosa de la empresa de Sebastián, sus manos todavía seguían temblando. Arthur tuvo que repetir su pregunta tres veces para que ella reaccionara.
—¿Adónde nos dirigimos ahora, señorita? —Arthur se mostró tan paciente como la primera vez que le había preguntado.
—¡Lo siento! —Scarlett respiró profundamente, peinándose el cabello con los dedos para calmarse—. Déjame... dame un minuto.
Aún faltaban dos horas para su cena con Damian. Podía volver a Silco o qued