Cap 117. El libro
El carruaje se detiene con un crujido suave de madera y el relinchar de los caballos. Al otro lado del camino, se extiende un poblado pequeño, rodeado por montes cubiertos de niebla baja y bosques de pinos oscuros. No hay murallas ni vigilancia pesada, pero se percibe un aire de alerta silenciosa. Es un lugar hermoso, aunque marcado por la discreta sombra de la necesidad.
Edward baja primero y, como siempre, le ofrece la mano a Amaris. Ella lo toma con dulzura, aunque no necesita ayuda.
Un gru