Despierto desorientada y sin saber si realmente he muerto o estoy casi muerta, después de todo, no siento mi cuerpo siquiera un poco y no sé si eso sea una buena señal.
Por fortuna, escucho los pitidos de las máquinas para comprender que sigo en la tierra y que mi condición no es buena porque incluso tengo algo pegado en mi pecho para poder tener el registro de mi pecho.
— Rayos, de verdad casi me muero. — digo angustiada.
— Finalmente has despertado. — dice Edward.
— Lo siento, pero, ¿Qué