Capítulo Cuarenta
El dolor agudo me golpeó en medio de la noche como una ola repentina. Jadeé y me senté en la cama, agarrándome el costado. Empezó bajo en mi espalda y se extendió hacia mi vientre, apretando con fuerza. Respiré a través de él, contando los segundos.
Luego llegó otro cinco minutos después, pero más fuerte.
“Marcus…” sacudí su hombro. “Es hora. El bebé está llegando.”
Se despertó al instante, con los ojos muy abiertos. “Está bien, está bien, respira. Tengo la bolsa lista.” Saltó