Punto de vista de Dalma
No tenía ni idea de adónde me llevaba Antonio. Simplemente lo seguí. Sentía las piernas pesadas y su mano cálida alrededor de mi cintura, haciéndome estremecer. Cuando dicen que la curiosidad mató al gato, no se equivocaban.
La curiosidad me había llevado a drogarme.
—Dalma, un poco más —susurró Antonio con voz grave, su aliento rozándome la oreja. Asentí, demasiado aturdida para articular palabra. Su agarre se hizo más firme alrededor de mi cintura, guiándome hacia una