Lo primero que aprendí sobre la visibilidad fue que cuesta más que el silencio.
El silencio casi me había matado una vez, pero la visibilidad exigía sangre por adelantado. No el mío. Suyo. Reputación. Influencia. Control. Las cosas que las personas poderosas pretendían no eran tan frágiles como el cristal hasta que alguien las tocaba con la verdad.
La mañana llegó envuelta en niebla, el mar escondido tras un velo que suavizaba el litoral y desdibujaba el horizonte. Desde la terraza, el mundo