Me quedé en la cama más tiempo de lo habitual, no porque estuviera cansado, sino porque la quietud se había convertido en una forma de escuchar. El tipo de escucha que no tenía nada que ver con el sonido. Ahora era instinto. La supervivencia me había entrenado para sentir los cambios en lo invisible antes de que se volvieran reales.
La finca estaba tranquila, pero no relajada.
Hubo una diferencia.
El tipo de tranquilidad donde todo espera.
Rocé la mejilla de Amelia con mi nudillo. Ella se m