Esto debía ser la broma más divertida que Felipe había escuchado este año.
Ya entrada la noche, las puertas del hotel Río se abrieron de repente. Los guardias de seguridad no pudieron detenerlos, y varios guardaespaldas de negro irrumpieron al instante. Sergio, vestido con un impecable traje, entró con paso firme, con una mirada tan afilada como un cuchillo.
Todos contuvieron el aliento en ese momento, sin esperar que Sergio realmente viniera a causar problemas. Él barrió con la mirada por su a