Los compañeros de clase siempre habían admirado demasiado a Sofía por su belleza. Al verla llorar, empezaron a interceder de inmediato por ella. Esto solo hizo que la profesora pareciera aún más severa.
Evidentemente, el semblante de la profesora se tornó aún más sombrío. Sofía se sintió un poco inquieta. Esta vez, su táctica no había funcionado como de costumbre. En lugar de ablandarse, por el contrario, la profesora le dijo con frialdad:
—No te esfuerzas en estudiar, pero para hacer amigos sí