Por Edgardo
Miré la hora, aboné el café que ni siquiera había tocado y volví hasta la clínica.
Justo la pasarón a una habitación privada, en donde se iba a quedar por tres horas y si todo estaba bien, le daban el alta.
Le pregunté cómo se sentía.
Me dijo que estaba bien.
La noté demasiado tranquila, por lo que supuse que no era la primera vez que se practicaba un aborto.
Estaba incómodo ante la impasibilidad de ella.
Cabía la posibilidad de que sea mi hijo, pero eso no lo quise pensar.
De todos