Mentiría si dijera que una parte de mí no se sentía sucia, estaba por casarme con el hombre que amaba, o creía amar, pero aún sentía el aroma de Vladimir clavado en mi piel, por un momento pensé ver en los ojos de Dante una ira feroz; como si hubiera descubierto que horas atrás había fornicado con otro, su mano y la mía estaban entrelazadas, sin embargo su apretón era rudo, podía sentir como intentaba contener su furia.
Sin embargo era imposible que mi olor me delatara, el sexo no era tan fácil