Parte 2. Capítulo 37. El fondo del abismo
Estacionó la Toyota a un costado de la desolada calle. A ambos lados se erguían casas de arquitectura variada y ostentosa, con acabados elegantes y jardines ornamentados.
Deibi ubicó su Nissan detrás de él y al bajarse del auto se acercó a su amigo.
—¿Estás seguro de que este es el lugar? —le preguntó Javier.
—Sí. Es la dirección que me dieron. —Después de llevar a Jesenia a la terminal de autobuses, Deibi se quedó en la ciudad para buscar información sobre las reuniones del pescador asesinado