—¡No! Ni siquiera trataste de ayudarme… — gritó Ana con furia.
—¡Basta! — rugió Santiago, ya no podía contener la furia y comenzó a respirar como si le faltara el aire.
Ana enseguida se asustó.
— Madre, ¡ayúdame! Todo fue culpa de Belén — gimió sujetando el brazo de Alicia.
—¡Cállate! — la interrumpió Alicia, y le dio una bofetada.
¡Plaf! Ana quedó estupefacta por el dolor repentino que sintió; la bofetada fue tan fuerte que incluso se había mareado. De inmediato, la mejilla se le adormeci