Por muy buenas intenciones que tuviera Amílcar, Belén rechazó su oferta y se mantuvo firme.
— No es que me moleste, pero soy hábil para protegerme. Tú, en cambio, no deberías quedarte afuera hasta la tarde, ¿y si alguien viene por ti otra vez?
Él volvió a rascarse la cabeza y a sonrojarse por la vergüenza.
La última vez me tendieron una emboscada, alguien me tocó y me dejaron débil e impotente.
Además, Ahora estoy de vuelta en mi país, No tengo que tener que se repita ese incidente.
Amílca