Una paciente impaciente

A la mañana siguiente Anais no reconoció el techo dónde despertó, le costó abrir los ojos, le pesaban los párpados, se giró para posicionarse de lado y sintió que algo le impedía moverse con libertad, además habían barandas en su cama. Lo que le retenía era la bajada del suero que goteaba, toco su cara y tenía introducido un tubo y una bigotera de oxígeno.

- ¿Qué

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